En 2016, Brian Castaño tuvo el único triunfo importante del boxeo nacional. "Estoy bien entrenado", dice.
Foto: RollingStone/ Sebastián Pani

Para llegar al gimnasio de boxeo de la sociedad de Fomento Villa Alida de San Justo hay que pasar el buffet y subir por la escalera que bordea la canchita de papi. Ahí, en un cuartito con "olor a tigre" se vendan las manos pibes y pibas con ganas de transpirar lo que se transpira en un tinglado en una tarde de enero. Son unos cuantos, pero uno tiene algo que lo destaca: es el campeón del mundo superwelter.

Brian Castaño, el Boxi, ganó el título interino de la Asociación Mundial de Boxeo de las 154 libras el 26 de noviembre pasado, tras noquear al puertorriqueño Emmanuel De Jesús en seis rounds. Aunque por iniciativa de su manager Sebastián Contursi suele subirse al ring en Estados Unidos y hacer allí el tramo final de cada preparación, la oportunidad por el cinto fue de local, en el Polideportivo Presidente Perón de González Catán. "Es un compromiso pelear con tu gente. Uno trabaja toda la vida para llegar a ese momento, y el estar disputándolo te da… miedo al fracaso. A decepcionar a los que te fueron a ver", dice. Hoy por hoy es nuestro único monarca y -con 27 años y un récord de 13 victorias y ninguna derrota- nuestra mayor esperanza.

Ganó sin discusión en Catán, pero no la tuvo fácil. Sobre el final del primer round metió una combinación que mandó a De Jesús a la lona, pero al boricua lo salvó la campana. Salió al segundo con la pelea en el bolsillo, y en el boxeo el exceso de confianza se paga. "Me desconcentré y me enganchó la derecha en la punta de la pera. Me iba desvaneciendo y no podía hacer nada. En ese segundo pensás 'la concha de la lora, estoy cayendo, no puedo perder con mi gente en La Matanza'." Pero las fuerzas volvieron "porque estoy bien entrenado, me cuido en las comidas, en el descanso, en las salidas, no consumo drogas, no escabio, no fumo". El responsable de ese plus saludable que le permitió abrir los ojos y seguir hasta noquear es su papá Carlos, que también supo ser un púgil y lo entrena desde los 9 años. "Yo salía y al toque venía mi viejo con la bicicleta y me decía 'Brian, vamos a casa'. 'Loco, dejá de joder', le decía yo y él me decía 'vos sos un deportista, vamos a casa'. Si no hubiera sido por él estaría tirado en una esquina."

Tras un diagnóstico de arritmia y otros problemas de salud estuvo parado casi un año, pero volvió y siguió ganando. Hoy, campeón y todo, recién empieza a soñar en grande. "Yo sé que en la etapa más alta de mi carrera me voy a cruzar al Canelo", dice, refiriéndose al mexicano Saúl Alvarez, la gran estrella del boxeo actual. Todo dependerá no sólo de la calidad de su boxeo, sino de los pay per views que sepa vender allá, bien al norte de su Isidro Casanova natal: "En Estados Unidos les gusta el choque, el palo y palo. Es impresionante: te das una pausa de tres o cuatro segundos y ya empiezan a abuchearte. La gente quiere sangre".