''Sép7imo Día-No descansaré'' tuvo su estreno mundial el jueves 9 de marzo.
Foto: Rodrigo Alonso

Con la presencia de Zeta Bosio, Charly Alberti y toda la familia de Gustavo Cerati (sus hijos Benito y Lisa, su madre Lilian Clarke y su hermana Laura), el jueves 9 en el Luna Park se llevó a cabo el estreno mundial de Sép7imo Día-No descansaré, el espectáculo creado por el Cirque du Soleil basado en la obra de Soda Stereo, la banda más grande del rock latinoamericano.

Sép7imo Día-No descansaré impacta con un despliegue que incluye equipos de audio, video, escenografía y vestuario que serán trasladados en veinte camiones una vez que se embarque en una gira por el continente hasta fin de año. Bajo una mirada más atenta, aparece el desarrollo de una historia que, con mayor o menor grado de alcance, busca dibujar un paralelismo entre la necesidad de trascendencia de su protagonista a la par de la carrera alcanzada por Gustavo Cerati, Zeta Bosio y Charly Alberti en su propio derrotero de nacimiento, conquista, disolución y regreso triunfal.

El espectáculo tiene su punto de partida en un Luna Park a oscuras mientras tomas de audio en off de las voces de Gustavo, Charly y Zeta rompen con el hermetismo de Soda Stereo entendido como un trinomio infranqueable, una barrera que el espectáculo busca quebrar. En el centro del campo, una jaula contiene a L'Assoiffé, el personaje principal, un post adolescente conflictuado que se eleva real y metafóricamente al momento en que se pone unos auriculares que dan comienzo a "En el séptimo día" mientras la acción se desarrolla arriba y debajo del escenario. Lo que sigue en los 96 minutos siguientes con las 21 canciones del trío que suenan es la metáfora interespacial del viaje interno que su protagonista realiza con (y a través de) una banda de sonido en la que las versiones se permiten un juego de alturas con red, salvo contadas excepciones.

Tras las experiencias de Elvis Presley, Michael Jackson y The Beatles, es la primera vez que Cirque du Soleil se mete en la historia de un grupo latinoamericano.
Foto: Nancy Martínez

De a poco, la acción da lugar al recorrido narrativo de Sép7imo Día: sobre el centro del tablado se ubica un semicírculo que simboliza a Soda Stereo como un planeta en el que el proceso creativo del trío da lugar a referencias (a veces puntuales, otras tantas más abstractas) del propio universo de la banda: la reformulación en alto impacto de las intervenciones actorales del video de "En la ciudad de la furia" (con dos acróbatas desplazándose sobre una enorme estructura de metal); la relectura de las performances que acompañaban a "Luna roja" en la presentación de Dynamo en Obras en 1992; un sketch de clown a cargo de Toto Castiñeiras en la piel de un hombre catódicamente alienado en "Sobredosis de TV" (o la adaptación al ritmo circense de la estética de videoclip, un highlight del show); y el tironeo de fuerzas entre lo literal y lo metafórico en el acto que tiene a "Hombre al agua" como pieza central. En el medio de eso, "Un millón de años luz" ofrece el episodio más deslumbrante desde lo técnico, con un juego de perspectivas en video en donde se entrelazan unos dibujos realizados en vivo con arena con la acción que se desarrolla en tablas.

Así, la historia de L'Assoiffé corre en paralelo a la de (y se convierte en la de) Soda Stereo, con evocaciones directas a hitos de su propia trayectoria, como la conquista de Latinoamérica encarnada en "Cuando pase el temblor". Igualmente, por más que sean sus canciones las que suenan de manera ininterrumpida a lo largo de todo el show, las imágenes de archivo del trío aparecen a cuentagotas y en momentos específicos, quizás la manera más sutil de remarcar que esto se trata de un espectáculo sobre -y no con- Soda. También hay otras menos sutiles, como la presencia casi literal de la iconografía del grupo. Un misil formado con caños fluo, una mesa con tres tazas de té y los peinados de los Grisailles, un grupo de jóvenes que busca impulsar un cambio en el planeta Soda Stereo.

Parte del atractivo que propone Sép7imo Día está no sólo en la utilización de la música de Soda Stereo en este terreno, sino también en la adaptación del Cirque du Soleil a un nuevo formato. Por primera vez en su historia, la compañía decidió abandonar el formato de espectáculo de carpa, con el campo convirtiéndose en un espacio de acción en reiteradas ocasiones. Y, a diferencia de otros de sus espectáculos que han pasado por Argentina, en este el alto impacto físico cede su protagonismo al despliegue visual, utilizando distintas superficies (telones, la base del planeta central, las flores metálicas que coronan ambos laterales del escenario) para la proyección de visuales en alta definición que, dependiendo del tema, pueden ser complementarias a la acción, o bien protagonistas.

Luego de las experiencias con Elvis Presley (Viva Elvis), Michael Jackson (One) y The Beatles (Love), el Cirque du Soleil por primera vez se metió en la historia de una banda latina, un desafío no tan sencillo a simple vista: mientras en el caso de los Fab Four, la música y el contexto social e histórico le permitieron al Cirque hacer uso y abuso de un universo con narrativa propia (la galería de personajes que va del sargento Pepper a Eleanor Rigby, el submarino amarillo, las manifestaciones pacifistas de fines de los '60, el Swinging London), el trabajo realizado con la música de Soda Stereo demanda una apreciación más fina para entender las referencias que evoca cada uno de los actos.

Aun cuando las metáforas narrativas (un elemento sine qua non de los espectáculos del Cirque) por momentos son difíciles de captar si no se cuenta con la información de antemano y algunos juegos de su banda de sonido dejan con ganas de más experimentos en plan mash up, Sép7imo Día funciona como un logro más en una carrera en la que los años terminados en 7 siempre tuvieron su propio hito. Si 1987 significó para Soda Stereo la conquista del continente, 1997 fue la despedida y 2007, el regreso efímero, el espectáculo se inserta en 2017 como un epílogo significado por la reinvención de una obra artística en un terreno que hasta ahora le era ajeno.

Joaquín Vismara